Viernes. Año 1966. Una sintonía paralizaba el país entero. El crujido de una puerta al abrirse, un grito, de nuevo el crujido y la puerta se cierra de golpe… Me estoy refiriendo a Historias para no dormir, la serie más significativa cuando hablamos de terror o fantástico en la televisión española.

Narciso Ibáñez Serrador, gran cineasta, genial contador de historias y uno de los más listos realizadores de la historia de la televisión en España dio vida a esta serie, intentando (y consiguiendo) que el miedo se alojase en los hogares españoles mediante cuentos tradicionales de terror o historias escritas por él mismo (bajo el seudónimo de Luis Peñafiel). Era una España difícil y todavía nadie se había atrevido a tocar este tipo de historias. Era la primera vez que la ciencia ficción, el terror, el misterio, el suspense, etc., tenían lugar en las pantallas de Televisión Española. Las emisiones se convirtieron en un verdadero fenómeno.
Las cartas, a favor y en contra de la serie, inundaban los despachos de Televisión Española. No dejaba indiferente a nadie. El propio Ibañez Serrador, en la introducción de sus capítulos, aprovechaba para comentar las cartas que le pedían que no asustase tanto con sus historias o incluso los que pedían más terror... y se reía con ellas. Unas presentaciones en las que siempre intentaba hacer un gag, contar un chiste al más puro estilo Alfred Hitchcock en su famosa serie. Ibáñez Serrador siempre reconoció la influencia del maestro del suspense y defendía sus presentaciones con argumentos tan sabios como el siguiente:
"El secreto está en que el suspense o el terror se deslizan por una linea muy fina y puedes caer de uno u otro lado. De un lado, tremendo, es que aburras; del otro lado, más tremendo todavía, es que se rían. Ese es el motivo por el que en las presentaciones siempre me las ingeniaba para crear un gag porque siempre he preferido que se rían de mi que no de lo que hago".
Recuerdo con especial cariño capítulos como La promesa, La zarpa -sobre la que ruedan varias leyendas, como la de la pareja de ancianos que murió de miedo viéndola o los que vieron -imaginaron- la terrorífica cara de un "zombie" que Ibáñez Serrador siempre mantuvo fuera de campo- o El cuervo, biografía-homenaje a Edgar Allan Poe, fuente de inspiración de muchas de sus historias.

De entre todos los grandes actores que colaboraron en la serie no podemos pasar por alto otro grande del fantaterror español: Narciso Ibáñez Menta. Padre del creador de la serie, encarnaba como nadie los complejos personajes que su hijo escribía para él. Son memorables sus interpretaciones en El trapero, El último reloj o El televisor, pieza clave del terror español, rodada fuera del contexto de la serie en los años 70, en la que interpreta a un hombre que consigue cumplir el sueño de comprarse un televisor en color, pero desconoce las consecuencias que le va a provocar en su vida.

Entre historia e historia, Ibáñez Menta nos regaló dos largometrajes. El primero de ellos, La residencia, muy en la linea de sus trabajos para televisión aunque, en mi opinión, bastante más flojo; y ¿Quién puede matar a un niño? una indiscutible obra maestra del terror, incomprendida y arriesgada, que trata de crear una terrorífica atmósfera siempre con la luz del día y con unos desagradables niños como protagonistas.

En 2005 se intentó relanzar la idea mediante una serie de TV Movies tituladas Películas para no dormir, en las que participaron directores de la talla de Álex de la Iglesia, Enrique Urbizu o el propio Ibáñez Serrador, recuperando la esencia de las clásicas Historias para no dormir y demostrando que la vieja fórmula sigue vigente.
De una forma u otra, es evidente que esta serie ha influido a generaciones posteriores y cineastas como Álex de la Iglesia, Jaume Balagueró o Paco Plaza reconocen en Ibáñez Serrador a un verdadero maestro del terror, un nombre que todos conocemos pero del que muy pocos conocen bien su obra. Una figura que, a menudo, sigue pidiendo una reivindicación.















El presidente Revilla con su acordeón
